Hasta hace bien poco el caballo de las retuertas de Doñana era una raza más de las muchas variedades que existen en la península ibérica, con mayor o menor importancia social y económica este caballo había pasado tiempos mejores en las marismas e inmediaciones del coto de Doñana, su momento de gloria como caballo de trabajo rústico en la marisma había terminado en favor de la maquinaria y las aptitudes de otras razas más adecuadas para los nuevos usos, afortunadamente un reducido número de esta raza se las apañaban para sobrevivir en las duras condiciones que imponen las marismas y saladares de Doñana.
Con un número estabilizado y creciente (casi el centenar de ejemplares) la Estación Biológica tuvo el buen criterio de mantener en completa libertad y aislamiento los últimos ejemplares de esta singular raza en la finca llamada Reserva Biológica de Doñana, antes de que se diluyeran geneticamente con su vecino el caballo marismeño o el pura sangre español.










